martes, 19 de marzo de 2013

Elmer, el elefante de colores

Elmer, el elefante de colores


   Es tiempo de descanso escolar y de lecturas en familia. De leer y compartir historias que nos enseñen valores importantes y respeto por las diferencias. El cuento de hoy, además de ser uno de mis favoritos, reúne todas esas características. Seguro que muchos conocéis a Elmer, el elefante de colores de David McKee (Ed. Beascoa), y estaréis de acuerdo en que Elmer es más que un cuento infantil, es una de esas historias sobre la diversidad a la que de vez en cuando hay regresar. Y cuanto más la lees, más ideas te transmite, pero el mensaje principal es el que desde este blog hemos querido trasmitir desde el principio a través de las lecturas: que la diferencia es un valor añadido y no un motivo de exclusión, que nos enriquece a todos y que nos ayuda a conocernos y a ser mejores personas. Por eso, con este entrañable elefante quiero desearos un Feliz Año cargado de mis mejores deseos para todos, pero sobre todo, de ánimo y esperanza para las personas que más lo están necesitando en estos tiempos difíciles. Desde aquí, recibid mi apoyo y mi cariño, todos estáis aquí presentes. 
Elmer es diferente e imprescindible. Os dejo con él.
Había una vez una manada de elefantes. Había elefantes jóvenes, elefantes viejos, elefantes gordos, elefantes altos o elefantes flacos. Elefantes así y asá, todos diferentes, pero todos felices y del mismo color. Todos... menos Elmer.
Elmer era distinto. Elmer era multicolor. Elmer era amarillo. Y naranja, y rojo, y rosa, y morado, y azul, y verde, y negro, y blanco. 
Elmer no era de color elefante.
Y era precisamente Elmer el que hacía reír a los demás elefantes. Unas veces Elmer les gastaba bromas y otras veces ellos se las gastaban a él. Elmer era el responsable de casi todas las sonrisas de sus compañeros de manada.
Una noche Elmer no podía dormir porque se puso a pensar, y el pensamiento que estaba pensando era que estaba harto de ser diferente. 
"Quién ha oído nunca hablar de un elefante de colores", pensó. 
"Por eso todos se ríen cuando me ven".
Por la mañana temprano, antes de que la manada terminara de despertarse, Elmer se marchó, sin que nadie se diera cuenta. Caminando por la selva, Elmer se cruzó con muchos animales. 
Todos le decían: 
"-Buenos días, Elmer"
Y Elmer siempre sonreía y respondía:
"– Buenos días."
Después de una larga caminata, Elmer encontró lo que buscaba: un gran arbusto. Un arbusto enorme repleto de bayas; bayas de color elefante. Elmer cogió el arbusto con la trompa y lo sacudió una y otra vez para que las bayas se desprendieran de las ramas.
Cuando el suelo estuvo cubierto de bayas, Elmer se tumbó y empezó a rodar una vez y otra vez, para un lado y para el otro, y vuelta a empezar. 
Luego fue cogiendo racimos de bayas y fue frotándose todo el cuerpo con ellos hasta que no quedó ni rastro de amarillo, de naranja, de rojo, de rosa, de morado, de azul, de verde, de negro o de blanco. 
Cuando terminó, Elmer tenía el aspecto de cualquier otro elefante.
Entonces, Elmer emprendió el regreso hacia la manada. Por el camino, se volvió a cruzar con los demás animales. Pero está vez, todos le decían: – Buenos días, señor elefante. Y Elmer sonreía y respondía, contento de que no le reconocieran: – Buenos días –.
Cuando Elmer llegó donde los demás elefantes estaban, todos descansaban tranquilamente. Ninguno de ellos se dio cuenta de que era Elmer quien se abría paso hacia el centro de la manada.

Al cabo de un rato, Elmer se dio cuenta de que algo raro sucedía. ¿Pero qué? Miró a su alrededor: la misma selva de siempre, el mismo cielo azul de siempre, la misma nube de tormenta que iba y venía de siempre, y por último, los mismos elefantes de siempre. Elmer se los quedó mirando.

Los elefantes no se movían en absoluto; Elmer nunca los había visto tan serios. Y cuanto más miraba a aquellos elefantes serios, quietos, y callados, más risa le entraba. Al final, no pudo aguantarse más. Levantó la trompa y gritó con todas sus fuerzas: ¡¡¡ Buuuh!!!
Los elefantes quedaron patidifusos.- ¡Por todas las trompas!-exclamaron mientras Elmer se partía de risa. -¡Elmer! Seguro que ha sido Elmer-. Y todos los elefantes rompieron a reír como nunca antes lo habían hecho
Y mientras se reían, empezó a llover. A medida que las gotas de lluvia caían sobre Elmer, iban dejando al descubierto sus colores. La lluvia ya había limpiado a Elmer por completo, y los elefantes aún seguían riéndose.
"- Elmer- dijo un viejo elefante, entre carcajadas-, nos has gastado muchas bromas, pero esta ha sido la más divertida".
"-Tenemos que conmemorar este día todos los años-" sugirió otro. 
–Será el Día de Elmer. Todos los elefantes se harán dibujos en la piel y Elmer se pintará de color elefante.
Y eso es precisamente lo que hacen. 
Un día al año, se pintan de colores y desfilan. 
Ese día, si por casualidad ves un elefante con la piel de color elefante, seguro que es Elmer
 

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