jueves, 4 de octubre de 2012

GUILLERMO PÉREZ VILLALTA











La finalidad de la enseñanza de la lectura

La finalidad de la enseñanza de la lectura no es que el niño sepa leer sino que lo fundamental es la lectura funcional, es decir, que el niño lea para adquirir nuevos conocimientos y, por lo tanto, aprenda a leer para aprender. Pues bien, si en los primeros cursos de educación primaria no tiene lugar la automatización y consolidación de este aprendizaje, el niño está perdiendo la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, además de incrementar su desarrollo psicolingüístico y cognitivo, dado que el lenguaje rige el pensamiento. Por lo tanto, con el tiempo, los buenos lectores llegarán a ser mejores en su desarrollo tanto académico como cognitivo y los malos lectores serán peores.
Lucía Herrero Torres
Aprendizaje de la lectura y dislexia Editorial Comares

Como era domingo de buena mañana

Como era domingo de buena mañana
se fue de paseo la Señora Rana.
En esto se puso muy fuerte a llover.
¿Qué hará Doña Rana? ¿Se pondrá a correr? 
¡Qué va! Su paraguas con calma sacó.
¡Ay qué paragüitas, qué lindo color!
Diréis que era verde, seguro. -Pues no-.
Era una gran seta que en el bosque halló.






Como era domingo de buena mañana
se fue de paseo la Señora Rana.
En esto se puso muy fuerte a llover.
¿Qué hará Doña Rana? ¿Se pondrá a correr? 

¡Qué va! Su paraguas con calma sacó.
¡Ay qué paragüitas, qué lindo color!
Diréis que era verde, seguro. -Pues no-.
Era una gran seta que en el bosque halló.

El Otoño. Ed Bruño.

Tengo una gallina pinta

Tengo una gallina pinta,
piririnca, piriranca,
con sus pollitos pintos,
piririncos, pirirancos.
Si ella no fuese pinta,
piririnca, piriranca,
no criaría los pollitos pintos,
piririncos, pirirancos.



En una zarzamorera
estaba una mariposa
zarzarrosa y alicantosa.
Cuando la mariposa
zarzarrosaba y
alicantaba,
las zarzamoras mariposeaban.

Usted puede ayudar en el hogar:

Usted puede ayudar en el hogar:

● Practicando los sonidos de la lengua. Lea libros de versos y rimas. Enseñe a sus hijos rimas, poemas cortos y canciones.

Haga juegos de palabras fáciles, como ¿Cuántas palabras puedes formar que suenen como la palabra “bat”?

● Ayudándole a su hijo a separar los sonidos que forman las palabras
oralmente y luego a unirlos de nuevo. Ayude a su hijo a separar los sonidos de las palabras, a escuchar los sonidos del comienzo y del final y a agrupar los sonidos que ha separado.

● Practicando el alfabeto, señalando las letras donde las vea y leyendo libros que enseñen el alfabeto.

Si su hijo apenas está empezando a aprender a leer, en la escuela usted debe ver que los profesores:

●Enseñen la fonética sistemáticamente señalando cómo están relacionados los sonidos y las letras.
●Ofrezcan a los niños la oportunidad de practicar la relación entre la letra y el sonido que están aprendiendo. Los niños deben tener la oportunidad de practicar los sonidos y las letras leyendo libros fáciles que utilicen palabras con la relación entre letra y sonido que están aprendiendo.

●Ayuden a los niños a escribir las relaciones entre letra y sonido que saben, usándolas en palabras, frases, mensajes y en sus propios relatos.

●Muestren a los niños diferentes maneras de pensar sobre lo que están leyendo y de entender el contenido. Los maestros deben hacerles preguntas a los niños para mostrarles las diferentes formas de comprender el significado de lo que están leyendo.

National reading panel

La verdad es que yo no necesitaba entonces de la palabra escrita, porque lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba.

La verdad es que yo no necesitaba entonces de la palabra escrita, porque lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba. A los cuatro años había dibujado a un mago que le cortaba la cabeza a su mujer y se la volvía a pegar, como lo había hecho Richardine a su paso por el salón Olympla. La secuencia gráfica empezaba con la decapitación a serrucho, seguía con la exhibición triunfal de la cabeza sangrante y terminaba con la mujer que agradecía los aplausos con la cabeza puesta. Las historietas gráficas estaban ya inventadas pero sólo las conocí más tarde en el suplemento en colores de los periódicos dominicales. Entonces empecé a inventar cuentos dibujados y sin diálogos. Sin embargo, cuando el abuelo me regaló el diccionario me despertó tal curiosidad por las palabras que lo leía como una novela, en orden alfabético y sin entenderlo apenas. Así fue mi primer contacto con el que habría de ser el libro fundamental en mi destino de escritor.

A los niños se les cuenta un primer cuento que en realidad les llama la atención, y cuesta mucho trabajo que quieran escuchar otro. Creo que éste no es el caso de los niños narradores, y no fue el mío. Yo quería más. La voracidad con que oía los cuentos me dejaba siempre esperando uno mejor al día siguiente, sobre todo los que tenían que ver con los misterios de la historia sagrada.

Cuanto me sucedía en la calle tenía una resonancia enorme en la casa. Las mujeres de la cocina se lo contaban a los forasteros que llegaban en el tren -que a su vez traían otras cosas que contar- y todo junto se incorporaba al torrente de la tradición oral. Algunos hechos se conocían primero por los acordeoneros que los cantaban en las ferias, y que los viajeros recontaban y enriquecían.
GABRIEL GARCÍA MARQUEZ
Vivir para contarla

A bordo de los cuadernos de viñetas

Por aquellos días los niños viajábamos muy poco y la realidad de nuestro entorno ofrecía escasas emociones. Yo creo que, hasta los once o doce años, no me había alejado de Madrid más de de ochenta kilómetros, Ni desde luego había visto el mar, ni por supuesto había vivido una verdadera aventura. Pero los chavales de entonces teníamos otra forma de viajar y apasionarnos con la existencia: la imaginación.

En la acera de enfrente de la casa madrileña donde nací, en el número 20 de la calle Joaquín María López, había una pequeñita tienda, junto a una carbonería, que guardaba lo que varios de mis amigos y yo considerábamos los mejores tesoros. Era un comercio estrecho y profundo, sin ventanas al exterior. A la entrada se vendían golosinas, y el resto de la oferta la constituían los maravillosos tebeos. Muy viejos casi todos, por lo general gastadísimos, a punto de desencuadernarse la mayoría, incluso algunos con una buena parte de sus hojas comidas por las polillas. El dueño, que se sentaba al fondo, alumbrado por la mezquina luz de una bombilla de pocos vatios, era un hombre grueso y silencioso que nos producía cierto temor. Casi nunca hablaba. Se contentaba con gruñir cuando le cambiábamos nuestros tebeos usados por los suyos, añadiendo unos céntimos de peseta. Me pregunto ahora cómo podían sobrevivir muchas familias de la posguerra española con aquellos misérrimos negocios.

A bordo de los cuadernos de viñetas coloreadas navegué por los Mares del Sur y entré en el corazón de las selvas amazónicas, busqué oro en las minas de Alaska y tesoros en las sierras inaccesibles de los Andes, asalté carruajes al lado de Dick Turpin y acabé con bandas de gángsteres malignos junto a Roberto Alcázar y Pedrín, e incluso recorrí el espacio en la nave de Diego Valor, perseguido por el pérfido Mekong, rey de los marcianos.
JAVIER REVERTE