jueves, 4 de octubre de 2012
La finalidad de la enseñanza de la lectura
La
finalidad de la enseñanza de la lectura no es que el niño sepa leer
sino que lo fundamental es la lectura funcional, es decir, que el
niño lea para adquirir nuevos conocimientos y, por lo tanto, aprenda
a leer para aprender. Pues bien, si en los primeros cursos de
educación primaria no tiene lugar la automatización y consolidación
de este aprendizaje, el niño está perdiendo la oportunidad de
adquirir nuevos conocimientos, además de incrementar su desarrollo
psicolingüístico y cognitivo, dado que el lenguaje rige el
pensamiento. Por lo tanto, con el tiempo, los buenos lectores
llegarán a ser mejores en su desarrollo tanto académico como
cognitivo y los malos lectores serán peores.
Lucía
Herrero Torres
Aprendizaje
de la lectura y dislexia Editorial Comares
Etiquetas:
La finalidad de la enseñanza de la lectura
Como era domingo de buena mañana
Como
era domingo de buena mañana
se
fue de paseo la Señora Rana.
En
esto se puso muy fuerte a llover.
¿Qué
hará Doña Rana? ¿Se pondrá a correr?
¡Qué va! Su paraguas con calma sacó.
¡Qué va! Su paraguas con calma sacó.
¡Ay
qué paragüitas, qué lindo color!
Diréis
que era verde, seguro. -Pues no-.
Era
una gran seta que en el bosque halló.
Como
era domingo de buena mañana
se
fue de paseo la Señora Rana.
En
esto se puso muy fuerte a llover.
¿Qué
hará Doña Rana? ¿Se pondrá a correr?
¡Qué va! Su paraguas con calma sacó.
¡Qué va! Su paraguas con calma sacó.
¡Ay
qué paragüitas, qué lindo color!
Diréis
que era verde, seguro. -Pues no-.
Era
una gran seta que en el bosque halló.
El
Otoño. Ed Bruño.
Tengo una gallina pinta
Tengo
una gallina pinta,
piririnca, piriranca,
con sus pollitos pintos,
piririncos, pirirancos.
Si ella no fuese pinta,
piririnca, piriranca,
no criaría los pollitos pintos,
piririncos, pirirancos.
piririnca, piriranca,
con sus pollitos pintos,
piririncos, pirirancos.
Si ella no fuese pinta,
piririnca, piriranca,
no criaría los pollitos pintos,
piririncos, pirirancos.
En
una zarzamorera
estaba una mariposa
zarzarrosa y alicantosa.
Cuando la mariposa
zarzarrosaba y
estaba una mariposa
zarzarrosa y alicantosa.
Cuando la mariposa
zarzarrosaba y
alicantaba,
las zarzamoras mariposeaban.
las zarzamoras mariposeaban.
Usted puede ayudar en el hogar:
Usted
puede ayudar en el hogar:
● Practicando los sonidos de la lengua. Lea libros de versos y rimas. Enseñe a sus hijos rimas, poemas cortos y canciones.
Haga juegos de palabras fáciles, como ¿Cuántas palabras puedes formar que suenen como la palabra “bat”?
● Ayudándole a su hijo a separar los sonidos que forman las palabras
oralmente y luego a unirlos de nuevo. Ayude a su hijo a separar los sonidos de las palabras, a escuchar los sonidos del comienzo y del final y a agrupar los sonidos que ha separado.
● Practicando el alfabeto, señalando las letras donde las vea y leyendo libros que enseñen el alfabeto.
Si su hijo apenas está empezando a aprender a leer, en la escuela usted debe ver que los profesores:
●Enseñen la fonética sistemáticamente señalando cómo están relacionados los sonidos y las letras.
●Ofrezcan a los niños la oportunidad de practicar la relación entre la letra y el sonido que están aprendiendo. Los niños deben tener la oportunidad de practicar los sonidos y las letras leyendo libros fáciles que utilicen palabras con la relación entre letra y sonido que están aprendiendo.
●Ayuden a los niños a escribir las relaciones entre letra y sonido que saben, usándolas en palabras, frases, mensajes y en sus propios relatos.
●Muestren a los niños diferentes maneras de pensar sobre lo que están leyendo y de entender el contenido. Los maestros deben hacerles preguntas a los niños para mostrarles las diferentes formas de comprender el significado de lo que están leyendo.
National reading panel
La verdad es que yo no necesitaba entonces de la palabra escrita, porque lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba.
La
verdad es que yo no necesitaba entonces de la palabra escrita, porque
lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba. A los
cuatro años había dibujado a un mago que le cortaba la cabeza a su
mujer y se la volvía a pegar, como lo había hecho Richardine a su
paso por el salón Olympla. La secuencia gráfica empezaba con la
decapitación a serrucho, seguía con la exhibición triunfal de la
cabeza sangrante y terminaba con la mujer que agradecía los aplausos
con la cabeza puesta. Las historietas gráficas estaban ya inventadas
pero sólo las conocí más tarde en el suplemento en colores de los
periódicos dominicales. Entonces empecé a inventar cuentos
dibujados y sin diálogos. Sin embargo, cuando el abuelo me regaló
el diccionario me despertó tal curiosidad por las palabras que lo
leía como una novela, en orden alfabético y sin entenderlo apenas.
Así fue mi primer contacto con el que habría de ser el libro
fundamental en mi destino de escritor.
A
los niños se les cuenta un primer cuento que en realidad les llama
la atención, y cuesta mucho trabajo que quieran escuchar otro. Creo
que éste no es el caso de los niños narradores, y no fue el mío.
Yo quería más. La voracidad con que oía los cuentos me dejaba
siempre esperando uno mejor al día siguiente, sobre todo los que
tenían que ver con los misterios de la historia sagrada.
Cuanto
me sucedía en la calle tenía una resonancia enorme en la casa. Las
mujeres de la cocina se lo contaban a los forasteros que llegaban en
el tren -que a su vez traían otras cosas que contar- y todo junto se
incorporaba al torrente de la tradición oral. Algunos hechos se
conocían primero por los acordeoneros que los cantaban en las
ferias, y que los viajeros recontaban y enriquecían.
GABRIEL GARCÍA
MARQUEZ
Vivir
para contarla
A bordo de los cuadernos de viñetas
Por
aquellos días los niños viajábamos muy poco y la realidad de
nuestro entorno ofrecía escasas emociones. Yo creo que, hasta los
once o doce años, no me había alejado de Madrid más de de ochenta
kilómetros, Ni desde luego había visto el mar, ni por supuesto
había vivido una verdadera aventura. Pero los chavales de entonces
teníamos otra forma de viajar y apasionarnos con la existencia: la
imaginación.
En
la acera de enfrente de la casa madrileña donde nací, en el número
20 de la calle Joaquín María López, había una pequeñita tienda,
junto a una carbonería, que guardaba lo que varios de mis amigos y
yo considerábamos los mejores tesoros. Era un comercio estrecho y
profundo, sin ventanas al exterior. A la entrada se vendían
golosinas, y el resto de la oferta la constituían los maravillosos
tebeos. Muy viejos casi todos, por lo general gastadísimos, a punto
de desencuadernarse la mayoría, incluso algunos con una buena parte
de sus hojas comidas por las polillas. El dueño, que se sentaba al
fondo, alumbrado por la mezquina luz de una bombilla de pocos vatios,
era un hombre grueso y silencioso que nos producía cierto temor.
Casi nunca hablaba. Se contentaba con gruñir cuando le cambiábamos
nuestros tebeos usados por los suyos, añadiendo unos céntimos de
peseta. Me pregunto ahora cómo podían sobrevivir muchas familias de
la posguerra española con aquellos misérrimos negocios.
A
bordo de los cuadernos de viñetas coloreadas navegué por los Mares
del Sur y entré en el corazón de las selvas amazónicas, busqué
oro en las minas de Alaska y tesoros en las sierras inaccesibles de
los Andes, asalté carruajes al lado de Dick Turpin y acabé con
bandas de gángsteres malignos junto a Roberto Alcázar y Pedrín, e
incluso recorrí el espacio en la nave de Diego Valor, perseguido por
el pérfido Mekong, rey de los marcianos.
JAVIER
REVERTE
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









